Philippe Halsman, el creador de sueños

CaixaForum Madrid inaugura ¡Sorpréndeme!, una retrospectiva de 300 fotografías que viaja al interior del proceso de trabajo del artista.

Dalí Atomicus (1948), del Musée de l’Elysée

Fue durante el siglo XX cuando hizo algunas de las fotografías que hoy siguen siendo reconocibles. Como la de Alfred Hitchcock fumando un puro con un pájaro en el borde o la ya emblemática del puntiagudo bigote de Dalí, por ejemplo. Pero antes de convertirse en el fotógrafo de las celebridades en Nueva York sus inicios están en París, ciudad que le dio asilo. Fue un genio en renovarse y adaptarse al momento, a las vanguardias y a los lugares en los que estaba. Philippe Halsman (Riga, 1906 – Nueva York, 1979) defendía la fotografía como modo de exploración y es lo que hizo durante más de 40 años; innovar. Philippe Halsman. ¡Sorpréndeme!, una exposición de 300 obras que aterriza en CaixaForum Madrid tras su paso por Barcelona, es un viaje al interior del fotógrafo. Un recorrido contado por Marilyn Monroe, Salvador Dalí, Alfred Hitchcock, Bobby Fischer y Audrey Hepburn.

“Esta muestra es diferente a cualquiera que se ha hecho hasta la fecha porque se muestra su proceso de trabajo”, anota Irene Halsman, hija del fotógrafo. No lo dice en vano ya que esta exposición, organizada de manera temática y no cronológica, arranca con algunas de sus primeras imágenes tomadas en el París de los años 30. Según dice Anne Lacoste, comisaria de la exposición, a pesar de ser unas obras primerizas ya se advierte en ellas el rumbo que él quería tomar con su práctica. Algunas de las que se pueden ver en la primera sala son exploraciones que el artista realizó sobre el terreno, como los animales en el zoo y, otras, sus primeros pasos en el mundo de la fotografía surrealista, disciplina que le llevaría a estrechar una relación de más de 30 años con Dalí.

Pero si por algo destaca esta exposición es porque muestra el proceso de trabajo de Halsman. Dividida en cuatro secciones, “es difícil definir el estilo de este fotógrafo que entendía esta profesión como una continua exploración“. Estaba al tanto de lo que se hacía y en un principio se dedicó al retrato, pasó por una fase de imagen para publicidad y cine y se atrevió con la corriente Nueva Visión que se estaba dando en París. Allí, le echó morro y llamo a André Gide diciendo que era fotógrafo y quería retratarle. Este aceptó y así fue como empezó a acercarse a las personalidades del momento.

Audrey Hepburn (1955) y, a la derecha, retrato de Alfred Hitchcock para la promoción de la película Los pájaros en 1962

Las imágenes de este tipo las presentaba en la Galería Pleiade del barrio latino de París. “En ocasiones corta la cabeza de los retratados como rasgo diferenciador de esta técnica de la Nueva Visión”, expone la comisaria. Pero cuando en la década de los 40 decide trasladarse a Nueva York vuelve a empezar de cero. Primero porque nadie le conoce y, segundo, porque esa manera de fotografiar no funciona en aquella ciudad. “Se adapta al sitio en el que está y comienza a cultivar el retrato psicológico”, añade. Fue en la revista Life cuando se hizo realmente conocido.Life fue la primera revista ilustrada con fotografías, tenía mucha influencia y era una publicación muy competitiva”. Trabajar para ellos significaba calidad y él siempre seguía el mismo modus operandi. Sacaba sus fotografías, hacía sus pruebas y maquetas y cuando veía que podía funcionar se la mandaba al editor. Firmó 101 portadas, algunas de las cuales se reproducen en la muestra.

En los años 60 con la llegada de la televisión tuvo que reinventarse una vez más de modo que, inspirado en la publicidad, “decidió crear imágenes de impacto inmediato”. Quizá una de las más llamativas sea la de Edward Abe con un teatro imaginario dentro de su cabeza, invocando un pensamiento. Comienzan ya a desfilar Audrey Hepburn ante un olivo, Bobby Fischer, Andy Warhol y, como no, Marilyn Monroe, musa de muchos y a la que retrató durante una década. De hecho fue él quien la inmortalizó en 1949, cuando aún era una modelo aspirante a actriz antes de que la revista Life le dedicara una de sus portadas dos años después. Su relación no se quedaría ahí ya que en la siguiente sección, Puesta en escena, con la actriz “narró en 1952 una historia en fotogramas donde Marilyn cuenta cómo tener éxito en una entrevista de trabajo con subtítulos de lenguaje militar”.

Los duques de Windsor en 1956 y, a la derecha, Marilyn Monroe y Philippe Halsman en 1954. Ambas de la serie Jampology

Pero no solo recibió a los personajes conocidos de la época sino que también le encargaron reportajes sobre la escena cultural de la ciudad así que capturó al Ballet Ruso en la playa o a algunos equipos de natación sincronizada trabajando. Pero quizá sea Jumpology la serie más célebre del artista. “Esta serie es un intento, quizá un poco descarado, de aprender de una persona a través de cómo salta”, dice su hija. Y es que Halsman pensaba que en el salto el retratado se olvida de su gesto, no hay lugar para la improvisación y sale su cara real, su naturalidad. Marilyn Monroe, Anthony Perkins, Richard Nixon, Brigitte Bardot, Audrey Hepburn, Grace Kelly, Ava Gardner, Dalí, los duques de Windsor e incluso consiguió hacer saltar a Bobby Clark con su bastón.

Aunque la muestra no acaba ahí, aunque bien podría haber sido una divertida despedida, sino con su larga colaboración con el pintor surrealista Salvador Dalí. Más de 30 años de amistad, de proyectos colaborativos unieron a estos dos artistas. Infinidad de escenas repetidas para una sola imagen en suspensión o la envidia que sintió al ver la foto de Picasso pintando un toro con luz se vio saciada con la cámara de Philippe Halsman. Y, claro, toda una serie surrealista dedicada al bigote del pintor, protagonista total de las imágenes.

Ya lo dijo Halsman, la fotografía puede ser una profesión seria pero uno también se lo puede pasar bien.

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